La construcción de una democracia sólida no ocurre de manera espontánea ni se agota en las urnas cada cinco años; se cultiva en el día a día, en los espacios donde la sociedad debate, cuestiona y ensaya sus formas de convivencia. En este mapa de formación ciudadana, las universidades ocupan un lugar central convirtiéndose en el epicentro donde germinan los liderazgos que definirán el rumbo del país.
Históricamente, el movimiento estudiantil ha sido el termómetro ético de las naciones, y en Paraguay esto se escribe con valentía y conquistas reales.
La historia de nuestra democracia reciente no se puede contar sin la fuerza de los jóvenes universitarios, quienes han demostrado ser un motor clave para las transformaciones más profundas. Desde la conquista histórica del Boleto Estudiantil, pasando por el hito de «UNA no te calles», que sacudió las estructuras de la educación superior y exigió transparencia, hasta la movilización permanente por el Arancel Cero.
Estos logros son el resultado de centros de estudiantes que entendieron su rol histórico en el fortalecimiento de la democracia.
Desde sus inicios, en Alma Cívica entendimos que fortalecer la democracia no consiste únicamente en explicar su importancia o sus beneficios, sino en acercarla a la vida cotidiana y convertirla en una práctica real. Por eso, nuestra apuesta siempre ha estado puesta en el fortalecimiento de los liderazgos y los gobiernos locales —allí donde el corazón ciudadano late con más fuerza—, descubriendo en ese camino que las juventudes, tanto en la educación secundaria como universitaria, son los actores fundamentales para construir una ciudadanía más activa, crítica y comprometida con el bien común.
Bajo esta profunda convicción, creemos que los centros de estudiantes son la primera escuela de gobierno de los jóvenes, el espacio primigenio donde se aprende a defender derechos, a construir consensos entre iguales y a ejercer la representación con responsabilidad y ética.
Es precisamente para potenciar estos espacios que dimos vida a Democrakit, nuestra plataforma pensada para acercar la educación cívica y la participación política a los lugares donde los jóvenes aprenden, debaten y ejercen sus primeros liderazgos. Tras una primera experiencia en la Universidad Nacional de Asunción (UNA) enfocada en los fundamentos de la democracia, recientemente tuvimos el honor de regresar para dar un paso más. En esta segunda oportunidad, pusimos las metodologías y buenas prácticas de Democrakit al servicio de los estudiantes para fortalecer sus centros como verdaderos espacios de representación e incidencia, demostrando que la democracia también se aprende ejerciéndola.
A continuación, te contamos cómo vivimos estos valiosos encuentros basados en las herramientas de Democrakit en la Facultad Politécnica y en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNA.
Facultad Politécnica: Sembrando la semilla del cambio desde las aulas
Nuestra llegada a la Politécnica de la UNA tuvo un significado muy especial. Fuimos invitados por Mayra Beri, participante de nuestra Academia Táva Apo – Juventudes y representante estudiantil de dicha facultad. Ver cómo los liderazgos que pasan por nuestros programas llevan esa semilla de transformación directamente a sus propias aulas es el mayor retorno que podemos pedir.

Bajo el lema «De la universidad a la sociedad», brindamos una charla enfocada en el voto universitario y la importancia de la participación de las juventudes en las elecciones nacionales.
Durante este encuentro, los estudiantes reflexionaron sobre la necesidad de conocer nuestra Constitución Nacional, comprender la historia de la democracia en Paraguay y debatir de frente sobre los desafíos que tenemos por delante como sociedad. Confirmamos que la formación teórica y la conciencia histórica son los cimientos de cualquier liderazgo universitario que pretenda trascender.
Ciencias Veterinarias: Un diagnóstico profundo y la democracia en la práctica
En el mes de junio de 2026, respondiendo a la invitación del Movimiento Ñande Vet, nos trasladamos hasta la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNA. Allí nos encontramos con un auditorio que nos llenó de motivación: 37 jóvenes universitarios listos para el taller “Centro de Estudiantes, democracia e historia de la democracia”.
Este espacio se planteó como un diálogo abierto y una construcción colectiva de conocimiento, donde arrancamos debatiendo qué significa la política en el día a día. Los estudiantes la asociaron rápidamente con la población y la democracia, entendiéndola como la herramienta necesaria para construir acuerdos pacíficos en una sociedad con intereses diversos.
Además, hablamos sobre la transición democrática y la importancia de cuidar libertades que hoy parecen dadas, pero que costaron generaciones conseguir.

Por otra parte, los participantes hicieron una radiografía de su facultad, identificando tanto los desafíos como los activos con los que ya cuentan.
- ¿Cuáles son sus mayores preocupaciones? Emergieron temas críticos como la falta de prácticas profesionales, la centralización de la información, el uso poco transparente de recursos, la escasa participación estudiantil y un fenómeno muy común: el surgimiento de actores estudiantiles únicamente en épocas electorales.
- ¿Cuáles son sus fortalezas? Los jóvenes destacaron con orgullo el prestigio de su institución, la alta calidad académica, el nivel de sus docentes y las ganas colectivas de mejorar.
Juventudes que nos conectan con nuestro propósito
El cierre de estas jornadas nos dejó grandes lecciones. Ambos grupos concluyeron que el Centro de Estudiantes debe ser un puente real entre sus necesidades y las autoridades, y que para que la participación sea efectiva no basta con la queja: se necesita organización, escucha empática (incluso con quienes se piensa diferente) y propuestas concretas.
Para Alma Cívica conectar con esta efervescencia y acompañar a las juventudes universitarias en este proceso de autorreflexión no es solo una tarea estratégica; es una profunda emoción que da sentido a nuestro propósito.


