
En los últimos meses, el espacio cívico en América Latina ha enfrentado desafíos que ponen a prueba nuestra capacidad de permanencia. Desde Paraguay, en Alma Cívica, vivimos de cerca las tensiones que generan normativas como la «Ley de ONGs», un fenómeno que no es aislado, sino que resuena en varios países de la región como un intento de restringir la participación ciudadana.
Lo que los datos no siempre muestran es la capacidad de respuesta de la sociedad civil. Frente a los intentos de fragmentación, las organizaciones estamos respondiendo con colaboración radical. Dentro de las conversaciones que se dieron durante el Foro Regional de las Américas – GDC 2026, también pusimos el foco en esas redes que conectan liderazgos para multiplicar impacto.
Aquí te contamos cómo se está tejiendo la democracia hoy, desde el territorio hasta lo digital.

- Construyendo la red de aprendizaje político más grande de la región
Natalia Hersbt, coordinadora de Political Leadership Entrepreneur Network (PLEN – Red de Emprendedores de Liderazgo Político) de Better Politics en América Latina, una comunidad global donde organizaciones se conectan, aprenden entre pares y fortalecen su impacto colectivo y liderazgo.
Lo innovador no es solo la escala de sus más de 150 miembros en el mundo, donde 27 son latinoamericanos, sino la forma en que se desarrolla: en este espacio se comparte aprendizajes, generan un lenguaje común y construyen herramientas que permiten que el conocimiento no se pierda, sino que circule y también se pueda conocer de manera concreta las cosas que funcionaron y las que no con una sistematización de lecciones aprendidas.
En un contexto donde muchas organizaciones hacen mucho con pocos recursos, esta lógica de red no solo potencia capacidades: las hace sostenibles.
- Impulsando nuevos liderazgos que sostengan la democracia desde adentro
Otra apuesta clave es la de María Luisa Freire, desde Democracia+, donde ponen el foco en lo esencial: las personas y la reducción de desigualdades para abrir oportunidades a nuevos liderazgos.
Su trabajo en América Latina muestra que renovar la democracia no es solo institucional, sino también humano, formar liderazgos diversos y comprometidos que sostengan la democracia cuando llegan a ejercer el poder.
A través de una red regional, están habilitando que actores fuera de los espacios tradicionales puedan involucrarse en política desde donde están. El impacto ya se ve, miles de personas formadas, cientos acompañadas y una nueva generación que decide quedarse y transformarse desde adentro.

- Fortaleciendo organizaciones sociales en contextos restrictivos
No todos los contextos son iguales, pero hasta en situaciones hostiles la democracia busca la forma de avanzar y sostenerse.
Nina Chaparro, abogada e investigadora senior, contó que desde Dejusticia están trabajando en el programa Enlaza donde fortalecen organizaciones sociales en América Latina, acompañándolas para organizar, potenciar y amplificar su impacto.
Desde su experiencia dejó un aprendizaje potente sobre lo que está pasando en la región y habló de mirar más allá, informarnos de lo que pasa en los otros países, aprender de ellos y ser flexibles. También dejó una reflexión sobre estas experiencias y los contextos restrictivos donde la clave es que la democracia también se defiende adaptándose.
Cambiar de forma, reinventarse, encontrar nuevos caminos no es resignarse, es persistir de otra manera.
- Hackeando la brecha digital usando la tecnología con intención
En un mundo atravesado por la tecnología y lo digital, la pregunta no es si esto influye en la democracia, porque la respuesta es obvia, sino cómo lo hace.
Verónica Nunes compartió que desde Wingu y el programa Democrática tienen muy claro que la tecnología no reemplaza la participación, pero puede potenciarla.
A través de financiamiento, formación y redes, están ayudando a organizaciones a fortalecer sus capacidades en entornos digitales, pero también advierten algo importante: los mismos espacios que habilitan participación, pueden amplificar desigualdades, silencios o desinformación.
Por eso, el desafío no es solo usar tecnología, sino hacerlo con intención, estrategia y mirada crítica, porque la tecnología por sí misma no genera participación, sino que es un puente que permite la creación de ecosistemas híbridos para que crezcan estructuras colaborativas.

- Acercando el conocimiento académico a la práctica territorial
Maria Vidaurri, desde el Center on Global Democracy de la Universidad de Cornell, expuso una autocrítica necesaria, más que producir teorías aisladas, el verdadero desafío hoy es conectar con la práctica y con quienes están en territorio “poniendo el cuerpo”.
Iniciativas como la Academia de Libertad o las redes de centros de democracia están trabajando en esto, cerrando la brecha entre el conocimiento y la acción.
Pero quizás uno de los aportes más potentes fue poner sobre la mesa un riesgo silencioso: la fragmentación. Más que la polarización, lo que preocupa es la desconexión entre quienes trabajan por la democracia, competencias, agendas dispersas, esfuerzos duplicados.
- Reinventando la participación ciudadana a través de procesos reales
La democracia también necesita reinventar cómo participamos y allí, la democracia deliberativa aparece como una respuesta concreta: espacios se opina y se construyen soluciones en conjunto.
Como señaló Andrea Cervera, desde Extituto el desafío es incidir y habitar esos espacios. Experiencias como DemoReset lo confirman: el verdadero impacto no siempre está en el resultado final, sino en el proceso, cuando las comunidades se fortalecen, emergen nuevas voces y se crean vínculos entendiendo que transformar la forma en que decidimos también es transformar la democracia.

- Fortaleciendo la democracia desde los gobiernos locales
Desde lo local, la democracia se fortalece cuando mejora la forma en que se gobierna. Como señaló Nazarena Smith, de la Red de Innovación Local (RIL), la clave está en mejorar la capacidad de gestión conectando, acelerando e inspirando a liderazgos públicos.
Esto se traduce en aprendizaje entre pares y en democratizar el conocimiento, sumando además la inspiración desde soluciones innovadoras del mundo que pueden adaptarse a nuevos contextos.
Cuando las decisiones se construyen con quienes viven los problemas, no solo mejoran las políticas públicas: también se fortalece la democracia.
- Promoviendo un uso estratégico y responsable de la tecnología
La tecnología volvió a aparecer como un campo de tensión.
Por un lado, su enorme potencial para informar, movilizar y conectar y por otro, los desafíos cada vez más complejos: deepfakes, algoritmos, manipulación, desinformación.
La clave, como lo planteó Elaine Ford, está en el equilibrio. No se trata de idealizar ni de rechazar, sino de construir una ciudadanía capaz de usar estas herramientas de manera crítica, responsable y estratégica.
Y eso es lo que buscan desde Democracia Digital, una organización de Perú que promueve el uso responsable del internet, y tecnologías emergentes para generar transparencia.
Una fuerza que no se detiene
A veces, entre leyes que buscan silenciarnos y contextos que parecen cerrarse sobre nosotros, es inevitable sentir que esta lucha es solitaria. Pero el Foro de las Américas – GDC 2026 nos recordó que esa soledad puede ser una trampa.
Debemos seguir generando espacios como el Foro, lugares de conexión, pero sobre todo de acción, para entender que nada está perdido. Mientras algunos intentan ponerle frenos a la participación, estas redes demuestran que la democracia no se detuvo; al contrario, se está reinventando en cada rincón de la región con más fuerza que nunca.
La democracia no es un destino estático al que se llega, es un ejercicio de resistencia creativa que nos exige estar en constante movimiento. Y hoy, más que nunca, nos movemos juntos.
El Foro Regionales de las Américas – GDC 2026 es una iniciativa de la Global Democracy Coaliton, organizada en colaboración con Alma Cívica, con el apoyo de Kettering Foundation.


