Por Raquel Forte
Estudiar un máster en la Universidad Complutense de Madrid, en el campus de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología – Somosaguas, ha representado un aprendizaje profundo y enriquecedor a nivel académico y personal. Más allá de las clases, las materias y las lecturas, uno de los momentos más significativos ha sido poder llevar a un espacio internacional un tema que me toca profundamente; la participación de los jóvenes en Paraguay y el modelo de Alma Cívica.
Además, desde la Asociación de Mujeres Politólogas del Paraguay, a través de los pre congresos internacionales que realizamos en distintas universidades del interior del país, impulsamos un noble trabajo de formación ciudadana al compartir con los universitarios disertaciones sobre educación cívica, sobre qué es la política y las políticas, el rol y compromiso de los políticos con la gestión y administración de los recursos del Estado, así como el significado de Gobierno y de gobernar. Si bien son temas que pueden desarrollarse en las aulas según cada carrera, estamos convencidas de que constituyen conocimientos fundamentales que, como ciudadanos, todos debemos comprender.
En el trabajo final de Análisis Político, tuve la oportunidad de presentar un análisis del informe “Juventudes a la Conquista de la Democracia”, una investigación realizada por Alma Cívica. En mi exposición destaqué las dificultades que enfrenta la juventud paraguaya para involucrarse en la vida política y social; desde la falta de educación cívica hasta el desinterés o la desconfianza hacia las instituciones. Al mismo tiempo, señalé experiencias que marcan una diferencia positiva, entre ellas, el modelo de Alma Cívica, que no solo trabaja en el terreno de la formación ciudadana, sino que inspira un compromiso real con la democracia y la participación activa.
Lo sorprendente fue el eco que este tema tuvo entre profesores y compañeros del máster. La presentación generó debate, participación e interés genuino y varios comentaron que era refrescante conocer un ejemplo tan esperanzador proveniente de Paraguay, un país que en muchas ocasiones aparece en la prensa internacional con tintes problemáticos. En esta ocasión, sin embargo, Paraguay se presentó en el aula como un referente de innovación cívica.
Puedo decir, sin exagerar, que el modelo de Alma Cívica ha dejado encantados a mis profesores y colegas en la Complutense. Fue motivo de admiración y generó un valioso intercambio sobre cómo iniciativas como esta pueden ser replicadas en otros países. Y es que, si hay algo bueno de lo que hablar sobre Paraguay, es justamente “Alma Cívica”; una organización que demuestra que la juventud sí tiene la capacidad de transformar la democracia desde la participación responsable, creativa y solidaria.
Esta experiencia me reafirma en la idea de que no debemos subestimar el rol de los jóvenes como agentes de cambio. Necesitamos espacios de formación, encuentro y diálogo que nos permitan pasar de la apatía a la acción. Y en ese camino, Alma Cívica se convierte en un faro que ilumina lo que significa ser joven, paraguayo y ciudadano del mundo.



