Democracia en disputa: miedos, tensiones y futuros posibles

En Paraguay, hace unos días, la llamada Generación Z salió a las calles para expresar su descontento hacia las autoridades y como símbolo de una auténtica y verdadera forma de custodiar la democracia. Lo hicieron con fuerza, creatividad y esperanza, avalados por la Constitución Nacional en su artículo 32, pero se encontraron con represión, montada, jóvenes heridos y detenidos. Lo peor (o absurdo) de esa jornada violenta fue la requisa de una banana, dos bandas de un certamen de belleza y un inhalador, que puso en riesgo la vida de las juventudes. Pero no se trata solo de eso: estos hechos dejan un antecedente preocupante sobre la función de la policía, que en lugar de proteger genera miedo, y evocan recuerdos dolorosos de épocas autoritarias en Paraguay.

Lo que vivimos en Paraguay es también parte de lo que atraviesa toda América Latina. De esas tensiones, avances y retrocesos hablamos en Habitar la Democracia, en el panel El pulso democrático de la región, organizado junto con la Global Democracy Coalition.

La conversación nos recordó que vivimos tiempos de contrastes. Como señaló Lucas Chedrese, coordinador ejecutivo de Asuntos del Sur, Argentina, convivimos con experiencias de innovación ciudadana al mismo tiempo que aumenta el desencanto y la polarización. “Lo que estamos viviendo es que ni siquiera las reglas básicas, salvo ir a votar, se están respetando. Lo importante es ser conscientes de las amenazas y a partir de eso dar el paso a la acción”, advirtió.

Desde Paraguay, Soledad Núñez fue contundente: “Estamos en los momentos más críticos de los últimos 20, 30 años”. Habló de la crisis de confianza, del miedo silencioso que se instala y paraliza, y de cómo nuestras reglas democráticas están siendo erosionadas desde adentro. Ese miedo que describió se vio reflejado en la represión a los jóvenes: cuando la ciudadanía teme participar, la democracia se achica.

Pero no todo es retroceso. Modesta Arévalos, presidenta de la Red Política de Liderazgo Emergente, nos recordó que la democracia también se sostiene desde abajo, en los barrios, en la juventud que resiste y en el tejido comunitario que insiste en organizarse. Para ella, la palabra es un acto político que no puede ser anulada: “Nos estamos olvidando de que abajo debemos romper las barreras y empezar a reconocernos: yo soy contigo y tú eres conmigo”.

La conversación también nos llevó a mirar los riesgos de la era digital. Andrea Cervera, de Extituto, Colombia, advirtió que la polarización y la desinformación crecen en entornos digitales que aún no sabemos cómo usar para fortalecer la democracia. Mientras que Maricarmen Sequera, directora ejecutiva de TEDIC, fue clara: defender la democracia hoy también significa defender los derechos digitales. “La democracia es un acto de fe al que debemos apostar”, dijo, recordándonos que incluso en lo virtual habitamos y disputamos el futuro democrático.

Este panel nos recordó que la democracia no se sostiene sola. Necesita instituciones sólidas, sí, pero también necesita ciudadanía activa, comunidades organizadas, voces que no callen y tecnologías que no nos conviertan en objetos de control.

La manifestación de la Generación Z nos mostró que hay una juventud que no se resigna, que sale a la calle a exigir dignidad y futuro. Habitar la democracia, en este sentido, es transformar ese grito en acción colectiva, en innovación social y en esperanza compartida.Porque, como coincidieron las voces del panel, la democracia se habita, se defiende y se reinventa cada día.

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