En el marco de la Reunión Anual de la Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) 2026, realizada en Paraguay, Alma Cívica participó como invitada especial, representada por nuestra directora ejecutiva y cofundadora, Olga Caballero, en las Mesas de Diálogo de Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), un espacio de intercambio entre actores de la región y el Banco orientado a reflexionar sobre los desafíos actuales del desarrollo y la participación ciudadana.
Como parte del proceso previo, Alma Cívica fue también invitada como organización participante en un taller de trabajo en las oficinas del BID, junto a actores de toda América Latina y el Caribe. Este espacio permitió intercambiar perspectivas sobre el presente y futuro de la participación de la sociedad civil dentro de la institución, así como identificar tensiones y oportunidades para fortalecer una participación más estratégica, temprana y significativa.
Lejos de ser un espacio protocolar, este taller dejó en evidencia algo importante: la participación de la sociedad civil no está en discusión, pero la forma en que ocurre sí lo está.

Participación: entre apertura y límites
La agenda de la Asamblea incorporó desde su apertura un énfasis en el rol de la sociedad civil, como parte de un esfuerzo del BID por fortalecer canales de diálogo más estructurados con organizaciones, promoviendo el intercambio de perspectivas, experiencias y propuestas sobre temas clave para el desarrollo.
Estos espacios son relevantes porque permiten:
- Conectar decisiones globales con realidades territoriales
- Ser conscientes de los riesgos antes de que se conviertan en conflictos que lastimosamente ya están escalando
- Fortalecer la legitimidad social de las intervenciones
- Construir soluciones más inclusivas
Sin embargo, también evidencian una tensión persistente. La participación existe, pero muchas veces ocurre tarde, de forma fragmentada o con poca capacidad de incidir en decisiones estructurales. Y esto no es un detalle técnico: es un problema político.
El contexto importa (y mucho)
La conversación no puede aislarse del contexto regional. Hoy, en distintos países de América Latina, el espacio cívico enfrenta presiones crecientes: regulaciones más restrictivas, campañas de deslegitimación, limitaciones al financiamiento y entornos cada vez más polarizados.
Paraguay no es ajeno a esta realidad. En los últimos años, organizaciones de la sociedad civil, incluyendo a Alma Cívica, hemos sido objeto de ataques, desinformación y estrategias que buscan limitar nuestro trabajo, muchas veces impulsadas o amplificadas desde espacios de poder. Estas dinámicas no solo afectan a organizaciones específicas, sino que configuran un entorno más amplio de incertidumbre y restricción para la participación ciudadana.
Esto genera una paradoja incómoda pero real: Mientras se abren espacios de diálogo a nivel institucional, en paralelo, en muchos territorios se debilitan las condiciones para participar de forma libre, informada y segura.
Y es precisamente esa tensión entre apertura formal y restricciones reales la que define el momento actual de la democracia en la región.

La intervención de Alma Cívica: no alcanza con lo de siempre
Durante la mesa sobre restricciones al espacio cívico el tema fue introducido por Ivahanna Larrosa, representante de la Coalition for Human Rights in Development, y la conversación fue moderada por el equipo del Grupo BID en un intercambio abierto con organizaciones de la región.En este marco, se compartieron análisis clave como el informe “Participación cercada: restricciones al espacio cívico en el contexto del financiamiento para el desarrollo”, que advierte sobre cómo las condiciones para la participación se están viendo progresivamente limitadas en distintos países y sectores.
Este insumo aportó evidencia concreta a una discusión que, para muchas organizaciones como Alma Cívica no es abstracta, sino profundamente vivida en los territorios.
En este espacio, nuestra directora ejecutiva planteó la siguiente reflexión: “Las restricciones al espacio cívico no son eventos aislados. Son procesos acumulativos que erosionan la democracia de forma progresiva. Si el problema es sistémico, las respuestas también tienen que serlo.”
Con esto se puso sobre la mesa la necesidad de, sin dejar de fortalecer los enfoques existentes, avanzar hacia nuevas formas de respuesta acordes a contextos donde el espacio cívico enfrenta crecientes restricciones y donde emergen tendencias que pueden debilitar las prácticas democráticas.
Esto implica preguntarse:
- ¿Cómo se integra realmente la participación en la toma de decisiones?
- ¿Qué tipo de incidencia se habilita —y cuál no—?
- ¿Qué rol están llamados a jugar los organismos multilaterales en contextos de fragilidad democrática?
Asimismo, se destacó que el BID tiene una oportunidad clave en este momento: “El Banco tiene una capacidad enorme de incidir en la región. Justamente por eso, este es un momento para innovar no solo en qué se hace, sino en cómo se hace.”
Desarrollo sin participación no es desarrollo
Uno de los consensos más claros del encuentro es que la participación de la sociedad civil no es un componente accesorio. Es una condición.
Sin participación aumentan los riesgos sociales y políticos, se debilita la sostenibilidad de los proyectos y se reduce la legitimidad de las intervenciones.
Y, en última instancia, se pierde la posibilidad de construir soluciones que realmente respondan a las necesidades de las personas.
Lo que viene: de la conversación a la acción
Estos espacios son valiosos. Pero se necesita hacer más. El desafío no es solo abrir más espacios de diálogo, sino transformar la calidad de la participación: que ocurra más temprano, que sea más clara, que tenga trazabilidad y que permita incidencia real.
Y, sobre todo, que sea coherente con los contextos en los que se implementan las políticas. Porque cuando el espacio cívico se debilita, no alcanza con sostener conversaciones: hay que tomar decisiones.

Una invitación abierta
Desde Alma Cívica creemos que este es un momento para pasar de la participación como procedimiento, a la participación como poder compartido.
Y eso no depende solo de las instituciones. Depende también de la sociedad civil: de su capacidad de organizarse, de incidir, de incomodar cuando hace falta y de construir alternativas. Pero por sobre todo en su capacidad de trabajar de forma articulada y en red.
La pregunta que queda abierta es simple, pero incómoda: ¿Estamos diseñando procesos de participación para escuchar… o para transformar?
Responderla con sinceridad puede marcar la diferencia entre una democracia que resiste… y una que se renueva.
Agradecemos al Grupo BID por la invitación y por abrir estos espacios de diálogo, que resultan fundamentales para fortalecer la participación y el intercambio entre actores de la región.


