
En América Latina, la sociedad civil organizada enfrenta crecientes ataques: intentos de coartar su espacio, limitar la pluralidad, desalentar manifestaciones o frenar proyectos que buscan activar a la ciudadanía. A pesar de estos desafíos, hay una palabra que define y caracteriza a quienes trabajan por fortalecer la democracia desde la base: resiliencia.
El panel “Ciudadanía en Acción: Democracias que sostienen”, en el marco de Habitar la Democracia, puso de relieve justamente esto: cómo la democracia se construye en la acción colectiva, en los espacios comunitarios y en la vida cotidiana, más allá de las instituciones formales. Como señaló César Zarrabarreita, coordinador de ciudades innovadoras en RIL, “Cuando tenemos mayor diversidad de voces, podemos sostener una solución a lo largo del tiempo y se vuelve sostenible”, destacando la importancia de la colaboración entre gobiernos locales, ciudadanía y actores comunitarios.
Gabriel Mermentini, confundador y director ejecutivo de Politize!, enfatizó que la democracia debe ser entendida como algo cotidiano y cercano: “Para nosotros, la forma de generar un espacio donde las personas quieran habitar la democracia es primero trabajando con la cultura política”. Por otra parte, Sofía Pozzo, directora de la iniciativa AIGA de Reacción Paraguay, mostró cómo la ciudadanía organizada puede incidir incluso en contextos adversos, resaltando que “la democracia respira conflictos, las dictaduras respiran silencios”, recordando que involucrarse activamente permite transformar las prácticas estatales y la vida comunitaria.
Paola Vaccotti, máster en evaluación de políticas públicas, destacó que invertir en formación política y acompañar procesos comunitarios fortalece el tejido social y genera liderazgos con visión democrática: “Defender la democracia desde abajo es organizarse, pero también hablar de política, de lo que pasa en la casa, con los amigos, los abuelos”. Aníbal Cabrera, referente social, subrayó que la participación juvenil no puede ser simbólica. “La democracia desde abajo es la que tenemos que hacer que vaya hacia arriba, que vaya creciendo y contagiando”, insistiendo en que cada acción comunitaria, por pequeña que parezca, contribuye a consolidar la democracia.
Las experiencias compartidas evidenciaron que, incluso en contextos de crisis, desinformación o apatía ciudadana, la creatividad, la colaboración y la persistencia hacen posible sostener la democracia y fomentar la participación activa de juventudes, mujeres, redes locales y actores sociales.
Además, estas reflexiones muestran que resistir desde abajo no es solo un acto de defensa, sino también de permanente construcción: cada gesto colectivo, cada proyecto comunitario y cada iniciativa de educación cívica son semillas de democracia.


